Alejandro Jodorowsky:

La santa curandera me dijo: “Sigamos convirtiendo tus manos animales en manos mágicas, conscientes. Siéntate con el tronco muy derecho, en esa silla. Pon la mano izquierda, extendida y con la palma hacia el cielo, apoyada en tu vientre, a cuatro centímetros debajo del ombligo, levemente replegada, como si sostuvieras una esfera invisible de pura energía. Ahora alza el brazo y pon la mano derecha, vertical, con los dedos estirados y la palma hacia mí, a la altura de tu hombro, como si quisieras decirme “¡Alto ahí, detente!”. Imagina ahora que yo soy un tigre loco que quiere atacarte, que te mira gruñendo con odio y preparando todos sus músculos y colmillos para dar hacia ti el salto asesino. Ahora piensa que tú tienes un par de orejas tres veces más grandes que su tamaño normal y escucha con toda conciencia lo que voy a decir:

“Hijo querido del alma, la toma de conciencia no significa nada si no hay realización inmediata. La toma de conciencia que no es seguida de una acción, se va. ¿Cual es el resultado de este estado enfermo? Hacer grandes tomas de conciencia y no realizar nada. Así, tú te privas de avanzar. ¿Y por que no avanzas? Porque estás todavía en tus caprichos infantiles, no has crecido, no te han tomado en consideración. Aprendes una cosa y no la pones en ejecución. Concepción es igual ejecución; sin ejecución no hay perfección.

El beneficio que se le hace a alguien es conducirlo a aprender de sí mismo. Yo te doy los medios. Tal como si fuera una receta, luego tú tienes que aprender a cocinarla.
La mano horizontal en tu vientre, es el arco irirs. “Yo recojo en mí mismo la energía. “Mí mismo” es un tesoro… La mano vertical es lanzar. ¿Lanzar qué? Te lo voy a decir, hijo querido del alma. La magia se consigue con una paciencia que es la constante supresión de la impaciencia.

“Yo recojo en mí mismo la energía”. Si recibes una agresión, esta agresión es amor, si alguien te quiere invadir es porque te valoriza; es por eso por lo que te dejas invadir, porque hay una forma de amor en la invasión, de una cierta manera escoges que te invadan; incluso en una violación hay deseo; si en tu vida nunca te han amado y llega alguien que te invade, que quiere entrar en tu núcleo, en algún modo tú te sientes halagado, es decir que en alguna parte tú has escogido esa invasión. El tigre loco ha elegido atacar al Dios-Diosa que reina en tus entrañas. ¿Por que esa fiera ha elegido atacar a lo sagrado que llevas en ti? Es una fiera, no sabe qué ataca, sólo sabe que tiene hambre y que tú eres un buen alimento. En la agresión que veo que acarreas hacia tus padres, hay amor, porque no has sido amado por ellos como tú querías. Entonces, detienes al tigre, “¡Alto ahí!” Detienes a tu rencor, a tu odio, a tu sufrimiento. Recoges la fuerza del tigre, la purificas en amor y la retienes en ti. Miras al tigre, a tu enemigo, y le deseas su realización. Porque con su realización va a entrar en comunicación contigo mismo. Tú le deseas que se realice, luego deseas que te invada.

¿Cómo lo haces? ¿Cómo lo purificas?

Conviertes tu mano vertical en un espejo. “¡Mírate tigre, mira tu monstruosidad, avergüénzate, pacifícate, no tengas miedo de verte a ti mismo, cesa de criticarte, no te juzgues, entrégate, confía”.

Haz que tu mano vertical se encienda, imagínala convertida en una hoguera. Aterra al tigre. Comprende hijo querido del alma que ese tigre eres tú, y que también eres tú su domador. Atérralo, sé firme, haz que te obedezca, haz que sienta su odio como un repugnante excremento… Ahora convierte tu mano de fuego en una puerta de agua. Dile al tigre loco: “Ven, fiera mía, atraviesa esta dulce puerta de agua, y desciende a la fuente, ven a beber aquí al Dios-Diosa. Beberás de mi mano extendida” Siente que absorbes en tu mano vertical a todo el tigre loco, que ahora, manso, se confunde con tu alma. Haz descender lentamente esa mano vertical hacia la mano que tienes extendida cerca de tu ombligo. Con el indice de la mano derecha apoyado en el pulgar, indica hacia la palma de la mano izquierda a la que sientes como el ojo de una vertiente de agua amorosa que no cesa de manar. Le digo a mi mano derecha, a mi mente reseca, “¡Instrúyete, bebe de la intuición!”. Y así comienzas tu instrucción, siendo maestro de ti mismo. Que empieza por el intelecto, seguido por el sexo, después por el corazón, y por las necesidades corporales. Es el comienzo de la perfección. Dí a ti mismo: “Ven a verme e instrúyete. Yo tengo agua para darte”.

Y este agua es infinita. Esta mano horizontal es la fuente de la vida eterna, es la base de la catedral de tu alma. Es todo el tiempo, es siempre, es algo que se está creando, es la creación continua, contiene la sangre de Cristo, es el amor, una fuente, un tesoro. La fuente está llena y da, y da y más da, y más tiene. Y ¿por qué se llena? Porque se le vacía, se limpia, es la fuente más limpia del mundo. Está tan vacía y tan limpia que se llena de la fuerza universal. “Ven a beber de mi fuerza. Llena tu cuerpo, tu espíritu, todo tu ser”… Entonces tiendes tu mano izquierda, horizontal, hacia mí, hacia el mundo, hacia el infinito y no sólo das sino que ofreces en una sagrada espera. Y vienen hacia ti los pájaros del cielo, los animales de la tierra, los ángeles que pueblan el cosmos, todos vienen para beber allí. Tu pones el alimento: todo lo que tienes para dar. ¡No te disminuyas, eres capaz! Pon todo lo que tienes para dar, la ternura que tienes para dar, la energía para dar, la enseñanza para dar, la ternura para dar. Medita sobre lo que tienes para dar. Sobre lo que tienes en esa mano para dar a los otros, a todos los seres del mundo, a todos los seres conscientes, a todos los viejos del mundo, a todos los adolescentes, a todas los niños del mundo y también a todos los muertos y también a todos los que nacerán. Bondad, energía, construcción, arte… ¿que tienes para dar? Entonces buscas tu agua bendita para que la gente venga a bendecirse en ese agua, es el agua del corazón la que llevas. Es así que para llegar a la perfección, tú te pones a estudiar. El tigre para dejar ser tigre y convertirse en ángel, necesita una sagrada disciplina. Ahora, te pongo a la instrucción. La instrucción es beber del agua infinita del mundo, de mi agua, de mi vino.

Concéntrate en tu índice unido al pulgar para formar un círculo. Primero vas hacia la perfección con el intelecto, enseñas al otro y al mismo tiempo aprendes de ti mismo. Eso es aprender. Tienes la capacidad de enseñar unida a la capacidad de recibir enseñanza.

Ahora une el dedo medio de la mano derecha con su pulgar para formar un círculo. Cuando se pone la mano así, hay el concepto de consolación. Consolación, porque el tigre loco que hemos detenido, tiene necesidad de una consolación. Hay que dársela. Y la consolación es dar la seguridad, reasegurarlo y conducirlo por la nueva vía. “Yo te deseo la realización de tus deseos. Si quieres beber de mi agua bebe de mi agua, pero no de las ilusiones que te haces”. Y entonces la instrucción comienza. En la vida cotidiana a veces hay que hacer eso. Reconducir el deseo del otro. O la agresión del otro. Y se hace así, “Te deseo que tú te realices”. Y eso es una gran conmiseración y una gran consolación para el otro. La noción que pasas al otro, cuando él bebe de tu mano, lo fundamental, es que la persona será consolada, no será abandonada. Si te pones en la ley de Dios-Diosa, que es pedir para ti, no invadir, sino pedir para ti, es decir, progresar en el mundo, tu no serás abandonado, mientras bebas del agua bendita no serás abandonado. Es lo que un niño te pide, que no lo abandones hasta el momento en que él quiera irse a hacer su vida. Hay que decirle al niño, “Voy a darte esto, voy a instruirte, no a abandonarte” porque es terrible un niño abandonado, porque es terrible que tu ego ilusorio abandone a tu alma.

Toda instrucción debe ser comprendida, sentida, y después absorbida. Es como conducir un coche, se comienza con el cerebro, después se pasa al corazón, después al sexo, y después ya es algo mecánico. Cada mutación mágica requiere un tiempo, todo requiere su tiempo.

Todos estos movimientos de los dedos, vienen también del movimiento de contar. El pulgar ha sido utilizado para contar, para enumerar, este gesto viene de la memoria de la raza humana que ha contado y enumerado. Y luego realizado.

Une tu anular al pulgar y sin miedo entra en tus deseos sexuales y fabrica con ellos todo tipo de cosas, mariposas, águilas, árboles, piedras preciosas. Une tu anular con tu dedo meñique y entra en la satisfacción de tener ese cuerpo que tienes, tal cual es. Te voy a dejar aquí sentado muchas horas, solo en la oscuridad, para que con disciplina total, metas tu alma en cada una de tus células y las ames. Luego mete tu alma en cada uno de tus miembros, en cada una de tus vísceras. Convierte al tigre loco en una feroz alegría de vivir. Sólo embriagado de alegría de vivir podrás extender tus manos mágicas, abarcar todo el mundo y sanarlo.

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