Me inclino ante tu ser y te saludo amorosamente.

Sabemos que los niños son las personas del futuro, los creadores de una nueva sociedad y de nuevas generaciones. Sólo a través de ellos podemos ir a más y a mejor como humanidad. Si nos comportamos de manera inconsciente con ellos les hacemos más daño y muchas veces ese daño es negatividad que se irá transmitiendo a las futuras descendencias como una bola de nieve oscura en crecimiento.

¿Y qué podemos hacer por nuestros niños? 

Algo realmente valioso y significativo es darles el lugar que verdaderamente tienen dentro de una familia, y ese lugar no es el lugar de los “grandes” ni el lugar del que le toca cargar la negatividad ancestral ni la de nuestros propios errores.

¿Qué si podemos hacer para ayudarlos a desplegar mejor y con menos cargas?

Podemos favorecer su desarrollo de manera sobresaliente si como padres tomamos el lugar que nos corresponde y no hacernos los chiquitos, los pequeños. Muchas veces por miedo, irresponsabilidad o cobardía dejamos que ellos se comporten como los mayores y eso trae serias consecuencias para ellos. Bert Hellinger habla de los órdenes del amor en los sistemas y ha demostrado en múltiples talleres que a través de colocarse internamente en el orden que nos toca, el amor puede fluir y la fuerza ancestral le llega a nuestros hijos. Porque si un hijo inconscientemente se siente y se le permite comportarse o hablar como si fuera el mayor no está colocado debajo de sus padres y no puede tomar su fuerza ni puede apoyarse internamente en ellos para seguir creciendo integralmente de manera óptima. Este sencillo hecho puede hacer la gran diferencia para el futuro bienestar de nuestros niños.

Muchas veces los mismos hijos movidos por el amor distorsionado de un niño, creen que pueden ayudarnos con nuestros pesares o cargas y ellos también las toman energéticamente con la buena intención de hacerlo ellos por nosotros, pero esta acción común ni nos ayuda a nosotros como padres y mucho menos a ellos como hijos, lo que ocasiona es desorden, más implicados, más enfermedad o carencia, más infelicidad para todos.

Permanecer en el lugar de padres para el bienestar presente y futuro de nuestros niños es una decisión que requiere firmeza porque muchas veces los hijos nos tientan y prueban para tomar un lugar que nos les toca, quizás -como decía anteriormente-, con buena intención pero realmente con efectos dañinos para ellos y para el futuro.

Los más importante para el futuro de una familia, de una sociedad, de una cultura entera son los pequeños, si podemos nuestro foco en ellos incluso podemos ordenarnos internamente también nosotros.

Comportarse como los grandes no significa que los padres tengamos derecho a usar nuestra autoridad para maltratarlos o abusar física o emocionalmente de ellos. Comportarse como los grandes es simplemente saber que somos los padres y que como padres tenemos una función de educadores que ejerceremos de acuerdo a la consciencia y al conocimiento particular pero que no quiere decir que somos perfectos o que lo sabemos todo. Hacer lo que consideramos mejor para el bien de nuestros hijos con todas sus reglas y normas es nuestra función. Claro que me parece importante mencionar que muchas veces en la crianza  a veces queremos seguir aplicando normas que ya no son efectivas por lo que es necesario irse actualizando de acuerdo a las edades y al entorno. Somos la autoridad pero una verdadera autoridad está al servicio, al servicio de la vida, al servicio de nuestros hijos desde el lugar de padres, viene a mi mente la imagen de un rey que está al servicio de su comunidad y sigue siendo el rey.  Una actitud de firmeza y al mismo tiempo de amorosidad que implica receptividad, flexibilidad, sabiduría. ¿Y qué es la sabiduría? De acuerdo a mi querido maestro Hellinger, sabiduría es hacer lo que funciona y dejar de hacer lo que no funciona.

Antes de terminar este escrito, me parece fundamental mencionar que además de mantenemos en nuestro lugar de padres para amar, apoyar y formar a nuestros hijos, es importante honrar los destinos que todos traemos. Asentir a los propios destinos y a los destinos de nuestros hijos no es una acción irresponsable o conformista, es honrar el misterio y la incertidumbre de la vida y cuando hacemos eso nos sintonizamos con las fuerzas de la vida, de la creación y somos bendecidos.

Los invito a hacer todo lo que nos toca como padres desde nuestro verdadero lugar  y los llevo a mirar a lo lejos para asentir confiar y agradecer todo tal cual es, como si en este asentir y en esta inclinación ante la fuerzas de la vida y de la creación le confiáramos a nuestros hijos a lo más Grande.

 

Recuerda que eres un ser maravilloso.

Eres infinitamente amado.

Bendiciones.

Sony González.