Las relaciones de pareja tienen que ver con la vida. A través de la relación de pareja la vida se transmite. ¿De dónde tienen las parejas la vida? ¿Les pertenece? ¿O solamente fluye a través de ellas? Fluye a través de ellas, desde muy lejos.

Independientemente de que cómo el hombre y la mujer sean personalmente, la vida fluye a través de ellos a raudales. El hombre y la mujer transmiten toda la vida, así como ellos la recibieron de sus padres y como sus padres la recibieron desde muy lejos.

Por consiguiente, la vida es independiente de cómo el padre y la madre de un niño sean en su vida. Desde este punto de vista nosotros podemos y debemos mirar a nuestros padres de otra manera. También los padres deben mirar a sus hijos de otra manera. Con veneración. El niño mira a sus padres y a través de ellos mira lejos en el pasado, allí de donde la vida originalmente viene. Cuando el niño toma la vida la toma no solamente de sus padres sino que, al mismo tiempo, la toma de muy lejos. Por esa razón todos los padres son perfectos. Desde este punto de vista no existen padres mejores o peores. Solamente hay padres. Cuando podemos reconocerlo y nos adecuamos a esta visión, entonces podemos tomar toda la vida de nuestros padres. 

Pero cuando interiormente rechazamos a uno de nuestros padres, cuando les hacemos reproches, entonces cerramos nuestro corazón a la plenitud de la vida. Entonces sólo recibimos una parte, o mejor dicho, nosotros sólo nos quedamos con una parte. A pesar de todo, nuestros padres nos determinan de una manera decisiva.

 

El árbol de la vida

Yo tengo frente a mí la imagen de un árbol. En otoño sopla el viento y esparce las semillas. Una de las semillas cae en un suelo fértil, otra sobre un suelo pedregoso. Cada semilla debe desarrollarse allí donde cayó. Ella no puede elegir el lugar. Del mismo modo nosotros no podemos elegir a nuestros padres. Ellos son el lugar en donde nuestra vida florece, solamente allí. Si las semillas de un árbol cayeron en suelo fértil o sobre tierra pedregosa, más allá de cómo crezca, el árbol será igualmente perfecto. Y él también dará frutos. Sus semillas serán esparcidas nuevamente y ese mismo árbol crecerá de maneras distintas en diferentes lugares. Para que nosotros podamos crecer tenemos, por esa razón, que definir el lugar al que estamos ligados, independientemente de cómo sea. Más allá de las “ventajas” o “desventajas”, cada lugar obliga a un desarrollo particular. Cada lugar ofrece oportunidades especiales y fija determinados límites. Pero la vida misma es tanto en un lugar como en otro pura y auténtica.

 

 

Toda la vida

Lo aplico ahora a la relación de pareja. Una pareja tiene un hijo. En el niño se unen el hombre y la mujer y se convierten en padres. Algunas madres dicen, el niño debe ser como yo, y algunos padres dicen, el niño debe ser como yo. ¿Qué pasa en ese momento?  La vida del niño no es tenida en cuenta. Porque así como la vida que viene a través de su padre es perfecta, también la vida que viene a través de su madre es perfecta. Una vez que una pareja lo ha comprendido, entonces el padre amará en su hijo también la vida que viene a través de la madre, y la madre amará en el niño también la vida que viene de su padre, con todas las singularidades que uno u el otro tenga.

Eso es humilde. Si respetamos la vida que viene de nuestra pareja nos inclinamos ante la vida como un todo. Cuando un hombre dice: “La vida que viene de mí es mejor a la que viene a través de la mujer”, en cierto modo atrapa la vida con sus manos. Cree que la vida le pertenece como algo personal y se coloca por encima de ella. Esto daña su alma. Daña la relación de pareja. Daña al niño. 

 

Pleito por un niño

Cuando alguien gana un pleito por un niño, todos pierden. Por ejemplo, cuando una madre ha abandonado a su marido, se ha llevado con ella al hijo en común y le prohíbe a éste el contacto con su padre.

El niño quiere a ambos padres por igual. Por esa razón el resultado debe ser que el niño pueda amar a ambos padres y que el miembro de la pareja que decida o deba irse pueda dejar al niño con el otro miembro de la pareja con amor. 

A menudo hay en el cónyuge que se ha ido un enredo en su familia de origen. Es necesario entender que él no es malo ni temible. Cuando se le hace saber que puede irse y que nadie se interpone en su camino, pero que el niño debe seguir viviendo, podrá entonces consentir que el niño permanezca con su padre. Si la madre se va sin que el niño tenga el derecho de permanecer con el padre, a veces el niño muere. Entonces nadie habrá ganado.

Por esa razón, la madre que se ha ido debe tener un lugar en nuestro corazón. Solamente entonces podremos nosotros mediar. Para un niño en esta situación tenemos que poder hacerlo todo.

 

La separación 

No siempre a un niño le resulta fácil renunciar a los deseos profundos que como niño tuvo en relación con su madre. Muchos tienen la fantasía que la madre es todo.  Ellos esperan todo de ella. Mientras lo sigan haciendo seguirán siendo niños. La persona adulta sabe que la madre podía haber hecho mucho más. Pero es suficiente con lo que ella hizo. Si algo falta, la persona podrá obtenerlo en algún otro lugar. Entonces la madre podrá tener su paz. 

Forma parte de la separación de los padres que el niño les diga: “Gracias. Yo recibí mucho de ustedes y eso es suficiente. El resto lo haré yo mismo. Y ahora los dejo en paz. Ustedes ya hicieron su trabajo, ahora yo haré el mío. Yo traspaso lo que ustedes me regalaron”. En ese momento los padres tendrán su paz y el niño tendrá la suya. Ellos están separados y sin embargo se tienen unos a otros. Los padres conservan al hijo y el hijo conserva a sus padres. Y no obstante ellos están separados.

Cuando, por el contrario, se hacen reproches el niño dice: “Me falta algo, ustedes todavía me deben algo”. En ese instante el niño mira a los padres en lugar de mirar la vida. De esa manera será incapaz de actuar. En tanto que alguien les haga un reproche a sus padres y todavía espere algo de ellos no podrá tomar aquello que sus padres sí le dieron. Si él lo tomase podría ver: es tanto lo que me dieron que no hay espacio para ningún reclamo más. Estas expectativas sobre los padres impiden la acción.  

 

Tú también 

Una mujer que siempre se siente excluida y huye en pánico con lágrimas en los ojos no consigue explicarse ese comportamiento. Sufre por ello y aquellos de quienes ella se escapa también.

Cuando me solicitó ayuda yo acepté y antes le hice algunas preguntas. De ellas surgió que su padre había muerto cuando ella tenía seis años de edad. Antes de morir él debió pasar largo tiempo en cama porque sufría de asma cardíaco. Yo sabía que cuando el padre murió ella no había tenido autorización para verlo. Yo me alié interiormente con su padre. Entonces le pedí que cerrara los ojos. 

 

Meditación 

Imagínate, tu querido padre está agonizando. Todos están reunidos a su alrededor. Tú debes permanecer afuera. La puerta que conduce a él está cerrada para ti. Interiormente tú dices: “Yo también quiero estar presente. Yo también quiero acercarme a mi querido papá. ¿Por qué está la puerta cerrada para mí?”. Y lloras amargamente.

¿Cómo se siente entonces tu padre? ¿Cuánto te extraña? Tal vez, incluso él pregunte: ¿Dónde está mí querida hija?

Imagínate ahora que después de un rato se abre la puerta y tú entras. También tú puedes ir con tu padre. Tal vez le acaricies la mano. Tú sientes como él te reconoce, qué aliviado se siente porque tú has venido. Él siente tu cercanía y te dice como si te hubiese estado esperando: “Tú también”.

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