La ganancia

El trabajo que resulta nos trae ganancias. Nosotros la llamamos la recompensa por nuestro trabajo. Nosotros nos alegramos de esa ganancia. Es la merecida recompensa a nuestro trabajo. Para que ella nos alegre debe corresponderse con el trabajo realizado.

Esa ganancia es un aumento de la vida y de las posibilidades de vida. Ella favorece a nuestra vida y también a la vida de muchos otros a quienes nosotros servimos con nuestro trabajo. Esa ganancia es en primera línea una ganancia de vida.

Por eso exigimos por nuestro trabajo su correspondiente recompensa. Si esa recompensa nos es negada, nuestra alegría por el trabajo y nuestra eficiencia decaen y con ella nuestra alegría de vida y la productividad en nuestra vida.

Siempre que trabajamos lo hacemos, dentro de lo posible, buscando obtener una ganancia. Esa ganancia es para nosotros parte de su éxito, una parte importante.

Por el contrario evitamos lo que nos trae pérdidas. Nosotros dejamos aquello que le aporta poco a nuestra vida. Nos ponemos en búsqueda de un trabajo lucrativo y una tarea provechosa.

La mayor ganancia viene de la mano de lo que está al servicio de la vida futura. ¿Existe una ganancia mayor que los propios hijos? ¿Qué trabajo vale más la pena que el que está al servicio de ellos?

Cada ganancia sirve finalmente a la vida que viene después de nosotros. En esa vida se mide la ganancia. Sólo ella continúa.

 

El producto

El producto es el fruto de una maduración lograda. Viene con el tiempo a su tiempo. Más allá de nuestro trabajo el producto depende de las condiciones favorables. Por eso, para obtener el producto deseado debemos crear las condiciones favorables para su logro. Por ejemplo, un entorno propicio que se ajuste al producto de nuestro trabajo y le permita crecer. Nuestra ganancia depende ampliamente de una situación de rentabilidad.   

El producto en sentido original es algo que ha evolucionado. Él se basa en algo que lo transporta. Muchas cosas deben actuar conjuntamente de un modo coordinado para que algo lo transporte y nos lo obsequie.

Un producto de este tipo beneficia a muchos. Él se mide por el modo en que presta servicio, a nosotros y a los demás. Tiene su propio valor intrínseco, un valor de vida.

También la ganancia es un producto. Nuestro producto es medido con frecuencia por la ganancia. Sin embargo, existe entre ambos una jerarquía. Primero viene el producto, luego la ganancia.

La pregunta es: ¿a qué miramos primero en nuestros éxitos? ¿Miramos primero al producto y solamente en sintonía con él a la ganancia? ¿Miramos primero a la ganancia? ¿Por el deseo de ganar ponemos a veces el producto en juego? Si la ganancia es el objetivo principal ¿cuánto tiempo permanece ella sin el producto que la transporta? 

Si rastreamos lo que sucede dentro nuestro cuando nuestra atención está orientada en primer lugar a la ganancia sentiremos la diferencia. Sobre todo cuando nos damos cuenta lo que cambia en nuestros colaboradores cuando su trabajo está menos al servicio del producto que de la ganancia.

A ellos y también a nosotros nos producen satisfacción primero el producto y luego la ganancia. Cuando nosotros miramos primero a la ganancia ¿qué nos queda hacer -a nosotros y ellos – por el producto?

Aquí queda en evidencia un orden del éxito. El éxito sigue a un producto cuyo éxito y su producto beneficia a muchos. Ellos serán respetados y bienvenidos.

Allí donde la ganancia está en primer plano después de un tiempo podemos observar: así como se ganó, así se perdió.

Sólo el producto resulta ser para nosotros y los demás la verdadera ganancia – una ganancia que permanece.

Bert Hellinger.