Cada palabra que pronuncias es un decreto. Positivo o negativo. Si es positivo se te manifiesta en bien. Si es negativo se te manifiesta en mal, si es contra el prójimo es lo mismo que si lo estuvieras decretando contra ti. SE TE DEVUELVE. Si es bondadoso y comprensivo hacia el prójimo, recibirás bondad y comprensión de los demás hacia ti. Y cuando te suceda algo molesto, negativo, desagradable, no digas “¡Pero si yo no estaba pensando ni temiendo que me fuera a suceder esto!”. Ten la sinceridad y la humildad de tratar de recordar en cuáles términos te expresaste de algún prójimo. En qué momento saltó de tu corazón un concepto viejísimo, arraigado allí, que tal vez no es sino una costumbre social y que tú realmente no tienes deseos de seguir usando. Cómo el sentimiento que acompaña a un pensamiento es lo que graba más firmemente en el subconsciente, el Maestro Jesús, que jamás empleó palabras superfluas, lo expreso muy bien al decir, “lo que de la boca sale, del corazón procede”, y esto nos da la clave inequívoca.

Cuando estés en reunión de otras personas te darás perfecta cuenta de la clase de concepto que poseen y los constatarás en todo lo que les ocurre. Siempre que escuches conversaciones negativas no afirmes nada de lo que expresen. Piensa “no lo acepto ni para mí ni para ellas”.

Fuente: ‘Metafísica al Alcance de Todos’ de Conny Méndez.
Publicado en Facebook por Grupo Metafísico Sáenz Peña.
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Foto: Cristales de Agua expuestos a palabras y canciones etiquetadas.