Sonia González

Hola queridos lectores. En el pasado artículo seguía comentando sobre el amor inmaduro que hace que nos enfoquemos en quien vemos no como es, sino como necesitamos que sea, generamos conflictos que no resolvemos por diversos miedos e ideas, nos distraemos y nos volvemos posesivos.

Trascender el enamoramiento idealizado a veces es difícil, al no poder o saber amar o consolidar una pareja sentimos mucha impotencia, que es un sentimiento que no nos gusta por lo que lo evitamos. Erich Fromm dice que la prueba más dolorosa para el hombre es la experiencia de su incapacidad de amar.

Este amor inmaduro ó egoísta es originado por múltiples factores que detienen que el amor se siga expandiendo tales como sucesos en la historia personal y/o familiar no concluidos y a principios existenciales (soledad, libertad, responsabilidad por la propia vida, finitud, vulnerabilidad, culpa, angustia y sin sentido) no asumidos en totalidad que crean huellas, desorden y vacíos en los corazones, en las mentes y en el alma,  huellas con necesidades neuróticas de afecto, aprobación y protección y diversos miedos (al conflicto, al abandono, a la soledad, a la felicidad, a la incertidumbre, etc.) que provocan que se relacionen desde el miedo por lo que ahogan su amor.

El ahogar su amor las lleva a vivir de una manera condicional creando relaciones dependientes, manipuladoras y agresivas basadas con prejuicios, control, posesividad, inseguridad y desconfianza que generan altas expectativas, exigencia, decepción, frustración y resentimiento que lastima y que los hace entrar en crisis, momento de peligro y de oportunidad.

Al quedarse estancados en esta etapa -por evitar enfrentar el problema para resolverlo- se evaden del reto de la vida y se quedan incapaces de preocuparse por otro y de tomar conciencia de la verdad, es decir, incapaces de reconocer lo que es.

Recordemos que lo contrario al amor no es el odio, es el miedo que además está detrás de todo tipo de enojo, agresión, evasión ó negación. Las formas en que se evaden para no reconocer lo que es, son, no queriendo ver las cosas, no haciendo nada, olvidando, bloqueándose para no oír, ni sentir, manifestando el enojo con agresión al otro ó a sí mismo con enfermedades, “depresión” (enojo reprimido), adicciones ó demasiado trabajo, ejercicio, amigos, etc. para engañarse de que no hay problema y que son felices, todo para irla pasando, algunos dan lo que ellos no se han dado cuenta que necesitan con la expectativa inconsciente de que el otro adivine y se lo dé y como usualmente no sucede genera más resentimiento. Otras veces ven sólo en la pareja sus propios aspectos negados ó reprimidos  y –como decía en otro artículo- se sienten justificados para culpar al otro.

Claro que nos volvemos más frágiles cuando no nos conocemos suficiente porque no nos valoramos y porque sentimos una gran necesidad por llenar ese vacío, el vacío de nosotros mismos y el que no pudieron satisfacer nuestros padres por lo que nos volvemos muy dependientes de esa o esas personas con las que nos “llenamos”.

Por hoy, me despido invitándote a atreverte a ver lo que es para que si necesitas fortalecerte lo hagas  y estés en condiciones de reorientar tu rumbo y el de tu relación.

¡Lo mejor!