Sonia González.

Gracias por sus comentarios queridos lectores, en esta ocasión escribiré sobre la pregunta de un lector que llamaremos Irma quien se pregunta por qué su pareja la dejó y se cuestiona repetidamente ¿por qué enamorarme me hace sufrir?

Generalmente cuando  estamos muy enamorados estamos viviendo un amor inmaduro porque no hemos aprendido a amar. Una de las características de un amor inmaduro -que Anthony de Mello, Eva Pierrakos y Miguel Ruiz entre otros no lo llaman amor, lo llaman miedo- es el egoísmo que nos lleva a estar muy centrados en nosotros mismos, Ignace Lepp le llama amor propio porque dice que es un amor que se beneficia al importarle más ser amado que amar,  y al asombrarse a sí mismo si está enamorado por el amor que siente, lo explica así: el enemigo más temible del amor es el amor propio. Es de una sutileza extraordinaria y sabe aprovecharse aun del amor de los demás. El hombre que no ha triunfado del amor propio, si está enamorado, se complace en sí mismo creyéndose amar como nadie ha amado jamás, si se sabe amado, encuentra un motivo para el culto al yo para la admiración de la propia excelencia, trata más de ser amado que de amar y no retrocede ante la mentira y la hipocresía. Su amor es rencoroso y celoso; pretende serlo todo para el otro; exige que su amado sacrifique sus gustos y principios, su derecho a amar otros seres.

¿Y cómo se relacionan estas personas? las personas con exagerado amor propio  constituyen parejas que se relacionan en forma simbiótica, como la relación madre-hijo, se exigen, se obligan, es decir, condicionan su amor uno a otro y hacen a la pareja “su mundo”, a este tipo de relación Fromm le llama unión simbiótica ó fusión sin integridad y en su libro el arte de amar comenta que, tiene su patrón biológico en la relación entre la madre embarazada y el feto. Son dos, y, sin embargo, uno solo. Viven “juntos”, se necesitan mutuamente. El feto es parte de la madre y recibe de ella cuanto necesita; la madre es su mundo, por así decirlo; lo alimenta, lo protege, pero también su propia vida se ve realizada por él. Cuando Anthony de Mello menciona que en lugar de amor hay miedo, agrega que no es amor, que es necesidad. Una tremenda necesidad de llenar nuestro corazón con ese ser del que estamos enamorados pero la pareja nunca podrá llenar nuestras carencias y vacíos emocionales e inconscientemente esperamos que así sea ocasionando frustración tras frustración y si nos sentimos o fuimos abandonados de pequeños o no nos sentimos suficientemente queridos, también inconscientemente elegimos una pareja que nos va a dejar o “nos hace sufrir” y actuamos de tal manera para que lo haga. También por nuestras carencias emocionales muchas veces permitimos que el otro no nos respete y abuse de alguna manera de nosotros, que haga lo que quiera o andamos tras él o ella dando demasiado sin abrirnos a pedir y recibir lo que tanto decimos que queremos.

Me despido ahora invitándote a quererte a ti mismo y a superar tus limitaciones reconociéndote tal y como eres ahora, con un sentido de profunda aceptación hacia ti y a tus raíces para que fortalecido puedas mirar a otro para compartirse y enriquecerse mutuamente. ¡Lo mejor!