Sonia González

Cuando percibimos que algo no está resultado del todo bien o tenemos alguna dificultad con nuestra parea, generalmente nos es difícil comprender su actitud o entender la situación. En ese momento es importante definir si se quiere solucionar para centrarse en ello. Menciono lo anterior porque -aunque parezca ilógico- muchas veces actuamos como si no lo quisiéramos solucionar porque no nos queremos abrir a algo nuevo.

Recordemos que la paz es el final de un conflicto. Y un conflicto es producido por diferentes intereses. Si cada uno busca su interés particular el resultado es el conflicto y para resolverlo así como estimulamos a la naturaleza para que siga floreciendo y produciendo sus frutos es necesario adaptarnos a las situaciones sin luchar contra ellas porque toda resistencia es inútil, sino hacer aquello que es correcto en cada momento.

La sencillez y la humildad son dos actitudes que nos pueden unir con nuestros semejantes de manera favorable para lograr la paz. La paz auténtica se produce cuando nos olvidamos de nuestros intereses particulares y pensamos en los intereses de nuestra pareja porque queremos el bien para todos y podemos orientar nuestra actitud en esa dirección.

Cuando no coincidimos con lo que queremos hay que expresarlo. Si nuestra pareja no quiere darnos lo que necesitamos y aún así se lo solicitamos o reclamamos, podemos conseguir lo que queremos pero a un costo elevado porque esto genera negatividad ya que por querer evitar un problema puede optar por complacernos. Una cosa es complacer al otro negándome a mí mismo y por tanto resintiéndome y otra es elegir si realmente quiero hacerlo. Lo que ayuda a la relación en estos dilemas es ser asertivos sin confundir el amor que existe entre nosotros, con nuestras necesidades cotidianas, intereses o limitaciones personales.

Al expresar lo que nos pasa o cambiar una decisión algunos sentimos angustia porque pensamos erróneamente que no deberíamos hacerlo. Para otros a los que la angustia les es intolerable, prefieren hacer como que no pasa nada pero esto agrava la situación porque no se enfrenta el conflicto y se niega o reprime lo que es.

Por otro lado, muchas personas queremos ser libres y creemos que la libertad es no tener que depender de nada ni de nadie. Sin embargo vivimos sometidos a las leyes de la vida, como dice el libro del I Ching vivimos como una llama que vive adherida al tronco del cual arde. Nadie puede escapar a esas leyes, nadie puede escapar a su naturaleza original, y quien en su ignorancia lo intenta, se separa de sí mismo, se aleja de la armonía con su interior y con el mundo, y eso solo le trae sufrimientos.

Para culminar el conflicto la virtud de lo pequeño como la humildad y la honestidad son una necesidad. El I Ching también dice que una extraordinaria modestia y precisión se verá sin duda recompensada por el éxito. Y más si es sincera porque si nos engañamos a nosotros mismos para aquietar la angustia y para que el conflicto acabe antes de tiempo impedimos su verdadera resolución.

El camino del crecimiento interior, no consiste en conquistar metas, ni en subir altas montañas, sencillamente consiste en limpiar nuestra naturaleza interior de todas las impurezas y errores que hemos ido acumulando en nuestro diario vivir para poder vivir el momento presente.

¡Lo mejor!