Ayer y hoy, en Twitter, he recibido más de mil pedidos de exaltación del nombre. Nunca podré responderles a todos, demoraría meses. Cada cual debe lograr exaltar su propio nombre, expulsando de su mente la idea de que valorarse y exaltarse es un delirio de ego. Denigrarse y despreciarse es el verdadero delirio del ego. No son valores falsos los que se buscan, sino reales mensajes ocultos en nuestro nombres. ¡Todos los nombres son sagrados! Esta actividad es el paso esencial para terminar con la ignorancia y entrar en el camino del desarrollo de la Conciencia. En las sociedades secretas, de índole mística, se habla de la transmisión del Secreto de los Secretos, el Nombre Sagrado, que para mí es nuestro nombre exaltado. En el Padre Nuestro, recitamos “Santificado sea tu nombre” sin darnos cuenta que esa frase se aplica también a nosotros mismos. A todos aquellos que deseen emprender esta esencial aventura, les muestro como partí de la dolorosa obscuridad, con un nombre despreciado, hasta llegar a amarlo y respetarlo, y por lo tanto amarme y respetarme, y los invito a que sigan mi ejemplo.

Mi padre, Jaime, llegó a Chile, proveniente de Rusia, Ukrania, a los 5 años. Sus padres, judíos, habían huido de los pogromos efectuados por los cosacos. Jaime, trató de integrarse a la sociedad chilena, pero siempre fue considerado un extranjero. Le molestaba su apellido porque denunciaba su calidad de inmigrante. Además la palabra “Jodo” hacía que los chilenos se burlaran, integrándola a “joder”, molestar o follar. Acabó firmando “Jaime” a secas, y las pocas veces que pronunciaba su apellido lo hacía cambiándole una letra: Yodorowsky… Yo soporté en el Liceo burlas antisemitas acompañadas de un sempiterno “¡No jodas Jodo!”. Cuando entré en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, mi buen profesor, del que aún recuerdo el nombre, Pedro Orthus, me dijo: “Tu nombre es muy largo, 19 letras. Además Jodorowsky no tiene nada que ver con la cultura hispana, ostenta un comienzo cochino y es difícil de memorizar. Nunca serás famoso si no te lo cambias.” Confieso que estas reflexiones me acomplejaron. Eliminé el vergonzoso apellido y me llamé, en mi patria, Alec Sandro, y más tarde en Francia, en la Compañía del mimo Marcel Marceau, me presenté como Alexandro, así, tan a secas como el Jaime a secas de mi padre. El día que escribiendo juntos mi nombre y apellido vi que tenía un ojo de oro: alejandrOJO D OROwsky, mis complejos se esfumaron y entré en la vía de la búsqueda de la Conciencia. Este descubrimiento de tan capital importancia se une a otro que quizás puede señalar el fin del camino: mi verdadero Maestro, del que hablo en muchos de mis libros, fue el monje zen Ejo Takata… Nunca tuve buenas relaciones con Jaime, fue competitivo, aplastante, cruel. Por falta de un padre afectuoso y sabio, lo busqué yendo de Maestro en Maestro, hasta que encontré a Ejo, que con su sabiduría y honestidad cambió mi vida. ¡Qué emoción he sentido cuando descubrí que ese ser iluminado era en cierta manera un legado de mi padre: jaimEJOdorowsky! Pienso que si mi padre se hubiera llamado de otra manera, nunca habría encontrado al maravilloso japonés.

Ya, sintiéndome propietario de un ojo de oro, decidí dejar de lado las interpretaciones bajas, vulgares, de mi nombre, lo que me desvalorizaba, y comenzar a exaltarlo. Principié por Alejandro: ALEJA a los enemigos del Hombre (ANDROs), es protector de la humanidad. En ALE hay, en hebreo, AL: tierra, y EL: Dios. Tierra de Dios, ser y carne donde se manifiesta la divinidad… Al cabo de muchos años de búsqueda, años que economizarán todos los que se llamen Alejandro o Alejandra, descubrí el tesoro esencial. Alejandro es un nombre que encierra el elixir de la inmortalidad, tan buscado por los héroes míticos: en ALEJA hay la palabra JALEA. Si se extrae de ALEjandRo la palabra REAL, se obtiene JALEA REAL… A este descubrimiento añadí ALEJandRO: RELAJO… Es decir el humor. “La sabiduría y la risa se confunden” dijo el filósofo Wittgenstein.

En “JoDOrowsky” brilla cual un diamante la sílaba DO, que en japonés significa la vía sagrada. (“Karate-do”, “Aiki-do”, “Kendo” etc.). Continué esta exaltación  utilizando el idioma japonés donde DOJO es una sala reservada para los ejercicios espirituales y las artes marciales… JÔDÔ es la doctrina de la tierra pura, que aconseja como principal meditación, olvidándonos del nombre personal, recitar con sinceridad y fe profunda, sin interrupción, el nombre de Buda. JÔ es pureza. KY, al transformarlo en CHI significa conocimiento y sabiduría. En ciertas escuelas shintoistas, que otorgan significaciones esotéricas a los colores, el amarillo, KI, por recordar los rayos del sol, es símbolo del centro, de la unidad, del Creador.

SKY, en inglés, significa “cielo”. La letra W que precede a SKY, en el ocultismo occidental es tomada como símbolo del agua celeste, mientras que al voltearse y convertirse en M simboliza el agua terrestre. Si la V representa numéricamente cinco, la doble-V, W, representa diez, número que reúne al macho con la hembra, y al espíritu con la materia.

JOD es la décima letra del alfabeto hebreo. El 10 -número también de la suma de letras de mi apellido- realiza el retorno a la unidad: 1+0=1. Sin embargo hay una diferencia entre el 1 y el 10. El 1 contiene el conjunto de las polaridades generatrices, inactivas mientras permanecen confundidas, pero que, al fraccionarse la unidad, encontrándose separadas, engendran los universos. Es precisamente el 10, formado por un germen masculino y una semilla femenina, el que representa estas polaridades vueltas distintas, el espermatozoide y el ovulo, el falo y la vagina, lo lleno y lo vacío, la expansión y la constricción. 1+2+3+4=10. 1 y 3 son masculinos. 2 y 4 son femeninos. En la civilización maya, el número 10, lahun  (“Él, es dos en uno”), no se pronunciaba nunca por ser extremadamente sagrado. Para evitar incluso de escribirlo, se le representaba por dos veces 5. En el budismo hindú, el camino del Bodhisattva, tiene 10 bhumis, niveles de realización espiritual. El décimo bhumi, indica que la sabiduría realiza la no-identificación a la enseñanza, a la vía, a la técnica. El bodhisattva cesa de identificarse al sendero porque él mismo se ha convertido en la vía.

JOD es la primera letra, y la más sagrada, del impronunciable Tetragrámaton, “Iod-he-vau-he”, Jehová. Es la letra más pequeña, tanto que se la compara a un punto. Una ley esotérica afirma que un símbolo es más poderoso espiritualmente cuanto más simple sea. La fuerza suplanta a la forma. Mientras más desaparece la forma, más aparece la fuerza. Si nuestro intelecto aprende a ser receptor, el ego se contrae y realiza la anulación del yo: desprecio de la conciencia de su propia importancia, disolución de la existencia personal en la impersonalidad sagrada.

En árabe como en hebreo la palabra JOD significa “mano”. La mano derecha está considerada de buen augurio y la izquierda de mal augurio. Una es “luminosa”, la otra “oscura”.

El OR de jodORowsky, en hebreo significa “luz”. Una mano iluminada, derecha, que no excluye a la izquierda. En el cuerpo humano no hay órganos simples, incluso el cerebro tiene dos hemisferios, y el corazón dos ventrículos. Se le hace al hombre tomar partido por la derecha o la izquierda. Esto lo marca impregnando su conciencia de una ambivalencia de comportamiento. Las manos, entrelazando sus diez dedos en la plegaria, tienen la facultad de unir simbólicamente lo que está separado, perdido o disperso. La mayoría de los mitos mencionan la pérdida de algo precioso que se debe recuperar, reconstituir o reemplazar. Esta pérdida por destrucción, desaparición u olvido evoca una integridad anterior que se refiere a un estado de perfección primordial, principalmente la lengua original, despedazada en una multiplicidad de lenguajes. La raíz de esta lengua original es el impronunciable Nombre Sagrado, cuya transmisión era secreta a causa de sus virtudes sobrenaturales. No hay una sola escuela esotérica que no haga alusión a un nombre supremo cuyo conocimiento es el Secreto de los secretos. Secreto que por cataclismos sociales, fue dispersado en multitud de pequeños pseudo-secretos.

Las escuelas iniciáticas restablecen la unión con el Nombre Sagrado. ¡Ese Nombre Sagrado, es nuestro nombre exaltado! En Islam, por ejemplo, para enlazarlo con la raíz original, el Maestro toma la mano derecha del candidato entre las dos suyas, la derecha arriba y la izquierda debajo. Esta “unión de manos”, que dura el tiempo de la recitación de fórmulas consagradas, realiza el transvase de Maestro a discípulo, del Secreto inefable.

En “El Zohar” de los cabalistas judíos está escrito “De la mano derecha del Santo -bendito sea-, emanan todas las luces, las bendiciones y las libertades. De la mano izquierda emana el Rigor. Haciendo la unión de ellas, todo rigor desaparece.” Por la imposición de manos, el sacerdote opera el misterio de la unión y del amor. Dios amasa a dos manos la arcilla con que crea el hombre. Ellas, juntas, al no oponerse sino complementarse, se convierten en una sola mano de bendición y de misericordia, transmitiendo el influjo divino. En el libro de JOb, 37-7, Dios “pone un sello en la mano de cada hombre, para que todos reconozcan su obra”… En Simbología, la mano izquierda representa el poder temporal y real, y la derecha el poder espiritual y sacerdotal. La primera es la Vía de la Tierra. La segunda la Vía del Cielo. Ambas vías se unen, a medida que el discípulo avanza simultáneamente por ellas. Una es la espiritualización de la materia, la otra, la materialización del espíritu. La mano izquierda representa el pasado, la mano derecha el futuro. Al unirse en la plegaria, realizan el presente, JOD-OR, la mano de luz.

Alejandro Jodorowsky

http://planocreativo.wordpress.com/2011/01/23/el-arte-de-sanar-%E2%80%93-49/