Javier Iriondo:  Deberíamos ser conscientes de que cada vez que abrimos la boca somos para el otro una influencia: destruyes o construyes. Es estéril repetir como loros malas noticias, ser un agorero.

¿Qué ideas le transformaron?

No puedes pretender que las cosas cambien si piensas y actúas de la misma manera. Si quieres conseguir algo, tienes que convertirte en la clase de persona que lo merece.

Disciplina.

Sí. Todos hemos tenido proyectos ilusionantes, pero a menudo el miedo nos asalta y se quedan por el camino. Para vencer esos miedos has de conquistarte a ti mismo y entender que lo importante no es lo que consigues, sino la clase de persona en la que te conviertes durante el proceso.

El fracaso no tiene consuelo.

El miedo vende. Pero el fracaso significa haberlo intentado y merece un aplauso.

¿Y el consuelo?

El consuelo es lo aprendido, los fracasos esculpen el carácter. El que no tiene problemas es el que está en el cementerio. La sociedad de consumo ha condicionado la valoración de las personas en función de logros muy banales, para ser hay que tener. El mantra del ego es más: cuanto más tenga, más soy.

Todo lo que sube baja.

En la vida no hay una meseta a la cual llegar: “Aquí me planto”. Nos creamos una foto de futuro: “A estas alturas de la vida debería tener una familia feliz, hijos modélicos, y estabilidad emocional y financiera”.

Una película de Walt Disney.

Sí, y comparamos lo que se supone que debería ser nuestra vida con la realidad, y si el presente no cuadra con las expectativas, sentimos que nos falta algo.

Así es.

La plenitud personal es estar en el camino, seguir mejorando, somos aprendices de por vida; y para estar alegre no hay nada mejor que ayudar a otros.

Extracto de una entrevista en La Vanguardia con Javier Iriondo http://planocreativo.wordpress.com/2012/07/15/el-entorno-nos-influye-mucho-mas-de-lo-que-pensamos-afecta-a-nuestra-manera-de-pensar-y-de-vivir/