Si logramos crear imágenes que contribuyan al relajo del cuerpo se experimentan cambios positivos. Así lo sostiene la medicina, que en los últimos años ha estudiado por qué la visualización puede desde sanar un resfrío hasta calmar el asma.

Hagamos una prueba. Es algo simple, inocuo, nada de cosas raras. Lo primero es cerrar los ojos. Inhale despacio y exhale fuerte tres veces. Vaya relajándose, tranquilamente; no hay que llegar a la iluminación ni nada, no se exija. Sólo respire.

Imagine que sus ojos comienzan a volverse agua. Vea luego cómo fluyen hacia adentro, convirtiéndose en dos ríos que bajan por la cavidad nasal, luego por la garganta, después por los pulmones. Esos ríos van arrastrando con lo tóxico, con el dolor y con la rigidez.
Los ríos descienden por su pecho, abdomen, piernas; van pasando por todos sus órganos, por cada huequito, dejando sus tejidos rosados y frescos. Y entonces los ríos desembocan como un líquido negro que sale por sus pies y es tragado por el suelo. Abra los ojos, ya está.

¿Creería usted que lo que acaba de imaginar puede calmar un resfrío?

Un cambio en la medicina
Cada vez que usted imagina algo, una serie de sucesos se generan en el organismo. Miles de neuronas se comunican entre sí, generando sustancias que luego afectarán al resto del organismo. Si logramos, con cierta disciplina, pensar imágenes que nos calmen, entonces el objetivo está logrado. Y eso se llama visualización curativa. No estamos hablando de energías divinas, de rayos violeta, auras o chakras. Esto es biología pura.
Aunque por mucho tiempo la medicina tradicional se resistió a unir el cuerpo y la mente como dos caras de una misma moneda, hace un par de años la tendencia cambió. Cada vez hay más preocupación por analizar los efectos que tienen en el organismo prácticas como el yoga, ejercicios de relajación, técnicas respiratorias, tai-chi, meditación o visualización.
El neurólogo de la Universidad Católica Jorge González ha notado que en los últimos cinco años han proliferado los estudios en revistas científicas sobre la relación mente y cuerpo. Mind-Body Medicine es el concepto que se usa en inglés. “La ciencia, para poder funcionar, necesita observar los fenómenos. ¿Pero cómo se mide la conciencia? La medicina recién se está atreviendo a entrar en la parte más ‘blanda’ de la mente”, explica González.
El neurólogo propone un ejemplo. Pensemos en una mujer que está preocupada constantemente por su trabajo, duerme mal, tiene problemas digestivos como hinchazón o estitiquez, anda ansiosa, con contracturas musculares y dificultades de memoria y concentración. O sea, con los clásicos síntomas del estrés.
Probablemente, esa persona tiene un trabajo absorbente, problemas económicos o familiares. Para tratarla, claro, hay medicamentos. Pero es difícil cambiarle el ambiente y mandarla por un mes a una playa con aguas cristalinas. “¿Pero qué pasaría si esa mujer sentada en su sillón de oficina imagina que de verdad está en esa playa? Podría sentir los beneficios de bajar los niveles de ansiedad, tal como si estuviera en otra parte”, agrega González.

Curar el cuerpo
Pero volvamos a lo de los ríos que limpian el cuerpo. Ese es un ejercicio de visualización curativa que se llama ‘El río de la vida’ y que fue creado por Gerald Epstein, un siquiatra estadounidense que se ha especializado en “curar el cuerpo a través de imágenes mentales”.

Epstein mantiene una consulta privada en Nueva York y es profesor asistente de psiquiatría en el Mount Sinai Medical Center. En su sitio http://www.drjerryepstein.org es posible encontrar cerca de 500 ejercicios que prometen disminuir desde el acné o la jaqueca hasta la hipertensión.

“Lo que sucede mentalmente se refleja en el organismo, y viceversa. La imaginería –la actividad mental más poderosa– tiene efectos directos que se pueden medir fisiológicamente”, dice Epstein, e ilustra el tema contando de los estudios clínicos que ha realizado. En uno de ellos, demostró que un 50% de sus pacientes con asma consiguió reducir sustancialmente su medicación con ejercicios de imágenes mentales.

En otro análisis, los pacientes mejoraron su función coronaria, también gracias a visualizaciones. Epstein ha publicado seis libros, además de discos compactos con ejercicios (que se pueden comprar en su sitio web) y publicaciones de artículos (que se pueden descargar).

En uno de sus libros más famosos, llamado Healing Visualizations, explica que la visualización es una técnica que permite eliminar pensamientos dañinos y reducir la ansiedad.
Para practicarla, hay que prepararse en cuatro aspectos: tener la intención real de sanar una dolencia mental o física; permanecer tranquilo; limpiarse lo más posible de los malos hábitos en la alimentación o en las actitudes y estar dispuesto al cambio. Los ejercicios (ver recuadro) deben hacerse durante 21 días y luego descansar siete.

Biología pura

El estrés es una reacción normal del organismo que se prepara para defenderse. Es algo que viene desde los inicios del hombre, cuando tenían que cazar animales para comer o correr para salvarse de las bestias.

Por eso, frente a una situación que el cuerpo (y la mente) conciben como amenazante –desde un terremoto hasta un examen en la universidad–, hay todo un sistema que se pone en acción: los músculos se tensionan para arrancar si es necesario, las pupilas se agrandan para ver mejor, el corazón late más rápido para irrigar de sangre a los distintos órganos del cuerpo humano. En el cerebro se liberan muchas sustancias, entre ellas una llamada cortisol.

En la vida moderna ya no andamos arrancando de bestias, pero sí tenemos trabajos estresantes, problemas familiares y muchas responsabilidades que cumplir. Aquí, el organismo reacciona igual, y eso está bien. El estrés cumple su función.
Sin embargo, cuando el estrés no se pasa, y día tras día estamos en estado de alerta, el cuerpo se va resintiendo.

Aquí es cuando se habla de estrés crónico; ese que dura meses y que no se acaba cuando concluye determinado momento de exigencia. El problema es que acá el cortisol sigue actuando. Como explica el neurólogo Pedro Maldonado, del Centro de Neurociencias Integradas de la Universidad de Chile, en este momento los músculos ya no necesitan estar tensos ni el corazón irrigar tanta sangre. El cortisol excesivo que se genera complica la función del sistema inmune, favorece la aparición de diabetes y baja las defensas. En el fondo, el cuerpo está actuando como si estuviera frente a una amenaza y con eso deja de darle prioridad a que otros órganos para que funcionen como corresponde.

“Lo que hacen estas técnicas, como la visualización o la meditación, es reducir el cortisol en el cuerpo. No implican mejoría en todas las enfermedades ni van a curar el cáncer, pero sí reducen el estrés crónico y, por lo tanto, el riesgo de estresar los órganos y producir enfermedades”, comenta Maldonado.

González agrega que el estrés puede ser la gota que falta para que, con otras variables, se desarrolle desde un resfrío hasta un cáncer. Por eso es tan importante mantenerlo a raya. Como la visualización es una buena forma de reducir el cortisol podemos ayudar a sanar nuestro cuerpo.

EJERCICIOS DE VISUALIZACIÓN

“Sea su propio héroe”
Propósito: estimular el amor propio o la confianza en sí mismo.
Frecuencia: dos veces al día, entre uno y dos minutos, por 21 días. Cierre los ojos. Exhale tres veces. Imagine que usted es su propio héroe. Actúe como lo haría un héroe. No como un superhéroe, pero sí con la capacidad de superar los obstáculos y adversidades que le salgan al paso en su vida.
Luego, abra los ojos.

“La luz en el lago”
Propósito: respirar normalmente (problemas de asma)
Frecuencia: según sea necesario, durante dos o tres minutos.

Cierre los ojos, exhale tres veces e imagínese mientras se sumerge en un un lago. Quédese en el fondo envuelto en una luz dorada. Cuando salga, acérquese a un arce, tome una hoja y siéntese bajo su sombra. Toque la hoja, pálpela y experimente su textura. Luego entre en la hoja y asimílese al proceso de respiración de la misma. Entre en ella, como si fuera uno solo con la hoja. Seguidamente, abandone la hoja, consciente de que su respiración está regulada. Abra los ojos.

“Tormenta del desierto”
Propósito: controlar la ansiedad.
Frecuencia: diariamente, según sea necesario, hasta por tres minutos.
Cierre los ojos y exhale tresveces. Imagínese entrando en el desierto, con una mochila. Al caminar, observa que se acerca una tormenta y, tranquilamente, usted saca una carpa de la mochila y la arma. Se instala ahí, imaginando cada detalle, hasta que pase la tormenta.

“Regreso a la naturaleza”
Propósito: normalizar la producción de insulina en el páncreas (diabetes).
Frecuencia: dos veces al día (a primera hora y al atardecer) durante uno a dos minutos, por 21 días. Luego de siete días, repita si es necesario.
Cierre los ojos, exhale tres veces e imagine que está en un prado.
Sitúese en el medio, en contacto con la naturaleza y con su propio estado natural más elevado. Conozca y sienta su belleza y la del prado. Exhale una vez. Asimile, guste y experimente la dulzura de la vida a través de este contacto. Sepa que su flujo de insulina se está normalizando. Abra los ojos en cuanto sienta su flujo normal.

“Cubitos de hielo”
Propósito: restablecer el nivel normal de la presión sanguínea (hipertensión).
Frecuencia: tres veces al día, y en cualquier momento en que sienta la presión elevada, durante tres a cinco minutos.
Cierre los ojos, exhale tres veces e imagine que va hacia el refrigerador y saca tres o cuatro cubitos de hielo. Lávese la cabeza, el cráneo, la cara y el cuello con el hielo, y sienta y experimente el frío filtrándose por cada poro. Vea este frescor azul bajando desde el cerebro por el cuello, por el tronco, por las extremidades hasta la punta de los dedos de manos y pies. Su presión sanguínea habrá vuelto a la normalidad.
http://www.planocreativo.com