“Saboreo cada acto.
Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mí,
entonces me portaba como los demás querían
y mi conciencia me censuraba.
Menos mal que, a pesar de mi esforzada educación,
siempre había alguien difamándome.
¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó que la vida no es un escenario!
¡Desde entonces me atreví a ser como soy!
He viajado por todo el mundo, tengo amigos de todas las religiones,
conozco gente extraña:
vegetarianos que devoran al prójimo con su intolerancia,
personas que caminan con un cartel que dicen: Yo se más que tú,
 médicos que están peor que sus pacientes,
gente millonaria pero infeliz,
seres que se pasan el día quejándose,
que se reúnen los domingos para quejarse por turnos,
gente que ha hecho de la estupidez su manera de vivir.
La montaña es mi punto de referencia: ser invulnerable,
que cada uno diga lo que quiera,
yo sigo caminando imparable,
soy guerrero:
mi espada es el amor,
mi escudo el humor,
mi hogar la coherencia,
mi texto la libertad,
y si mi felicidad resulta insoportable,
discúlpenme,
no hice de la cordura mi opción,
prefiero la imaginación a lo indio,
es decir inocencia incluida.
Por eso es muy importante que sea el amor lo único que inspire tus actos.
Sin amor nada tiene sentido,
sin amor estamos perdidos,
sin amor corremos el riesgo de estar de nuevo transitando de espaldas a la luz.
Quizás solamente teníamos que ser humanos”.
Chamalú.
Indio Quechua.